Los invito a visitar mi otro blog, más completo e interactivo que éste. Me pueden encontrar en:
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Bienvenidos todos.
Letrador.
Tuesday, May 01, 2007
Monday, March 26, 2007
Salto de Ángel. (cuento del libro Secreto profesional)
Salto de Ángel.
De pie en la portezuela del avión, está listo para el salto de bautismo. Siente la adrenalina que lo traspasa igual que un relámpago. El viento es moderado y el cielo luce magnífico. El día es ideal para, al fin, concretar un largo anhelo. Recibe la luz verde, y se lanza. El gigantesco imán de la tierra lo reclama vertiginosamente. Él, en un gesto de audacia más allá de lo prudente, decide esperar unos segundos antes de tirar de la cuerda que abrirá, como un resorte, la tela que lo balanceará con suavidad por el cielo azul. Cae y cae. El viento brama en sus orejas, el aire parece rasgar su buzo color anaranjado. Abre sus ojos todo lo que puede para captar con plenitud el panorama que lo absorbe. El desierto allí muy, muy abajo. El mar a su derecha y los soberbios acantilados jaspeados de espuma. El espectáculo le parece formidable. Él cae y cae. Segundos después, seis o diez, no lo puede precisar, tira de la manilla que abre el paracaídas y espera el tirón brutal que lo frenará. Sólo que el paracaídas no se abre, y él cae y cae hacia el desierto que lo parece llamar a gritos. Aterrado, intenta la unidad de reserva, y, para su alivio, esta se abre. Aún cae muy rápido. Horrorizado se da cuenta que la tela se ha enredado con un tirante y él cae y cae como un peso muerto. Sus pies y manos se agitan de manera desesperada e intentan, vanamente, agarrarse de algo, pero sólo rasguña el aire que parece atronar una monstruosa carcajada en sus oídos. Su corazón es un caballo horripilado y su garganta un grito gutural, pavoroso, que se hunde más y más hacia la muerte. Cae... cae y cae mientras llora y se crispa y desfallece y revive para volver a desfallecer. Todo el horror del mundo lo tremola como el estandarte rojo sangre de la agonía. Ve pasar su vida en cosa de segundos. El rostro de su madre, su novia en el cuarto mes de embarazo y abandonada... Todo pasa ante sus ojos y su mente convulsa de terror más allá de lo humano. Sólo puede gritar y gritar como si descendiera a los infiernos para ser desollado y hervido en vida. Sólo cae y cae... En el último instante, en la nebulosa de pánico que lo quema, siente que moja y ensucia sus pantalones... Un horror más, un chillido animal y luego nada.
Sus gritos pavorosos despiertan a los vecinos, que hallan a Ángel apestando a porquería, con los ojos alunados de espanto, caído de la cama.-
De pie en la portezuela del avión, está listo para el salto de bautismo. Siente la adrenalina que lo traspasa igual que un relámpago. El viento es moderado y el cielo luce magnífico. El día es ideal para, al fin, concretar un largo anhelo. Recibe la luz verde, y se lanza. El gigantesco imán de la tierra lo reclama vertiginosamente. Él, en un gesto de audacia más allá de lo prudente, decide esperar unos segundos antes de tirar de la cuerda que abrirá, como un resorte, la tela que lo balanceará con suavidad por el cielo azul. Cae y cae. El viento brama en sus orejas, el aire parece rasgar su buzo color anaranjado. Abre sus ojos todo lo que puede para captar con plenitud el panorama que lo absorbe. El desierto allí muy, muy abajo. El mar a su derecha y los soberbios acantilados jaspeados de espuma. El espectáculo le parece formidable. Él cae y cae. Segundos después, seis o diez, no lo puede precisar, tira de la manilla que abre el paracaídas y espera el tirón brutal que lo frenará. Sólo que el paracaídas no se abre, y él cae y cae hacia el desierto que lo parece llamar a gritos. Aterrado, intenta la unidad de reserva, y, para su alivio, esta se abre. Aún cae muy rápido. Horrorizado se da cuenta que la tela se ha enredado con un tirante y él cae y cae como un peso muerto. Sus pies y manos se agitan de manera desesperada e intentan, vanamente, agarrarse de algo, pero sólo rasguña el aire que parece atronar una monstruosa carcajada en sus oídos. Su corazón es un caballo horripilado y su garganta un grito gutural, pavoroso, que se hunde más y más hacia la muerte. Cae... cae y cae mientras llora y se crispa y desfallece y revive para volver a desfallecer. Todo el horror del mundo lo tremola como el estandarte rojo sangre de la agonía. Ve pasar su vida en cosa de segundos. El rostro de su madre, su novia en el cuarto mes de embarazo y abandonada... Todo pasa ante sus ojos y su mente convulsa de terror más allá de lo humano. Sólo puede gritar y gritar como si descendiera a los infiernos para ser desollado y hervido en vida. Sólo cae y cae... En el último instante, en la nebulosa de pánico que lo quema, siente que moja y ensucia sus pantalones... Un horror más, un chillido animal y luego nada.
Sus gritos pavorosos despiertan a los vecinos, que hallan a Ángel apestando a porquería, con los ojos alunados de espanto, caído de la cama.-
Monday, December 25, 2006
Despedida a María de Flor.
Me enteré hace pocas semanas que mi amiga María de Flor falleció. La conocí cuando se acercó muy interesada para participar en un taller de creación poética que tuve la osadía de entregar.
Fue la única. Para mí, María de Flor no era una completa desconocida, pues en www.escritores.cl (una página que visito regularmente)aparece una fotografía suya y algunos de los poemas de su primera etapa. María resultó ser una persona dulce y sensible que rehusaba el título de poeta, pese a su innegable talento. Ella se calificaba así misma como una mera aprendiz. Finalizado el taller, continué una relación esporádica de amistad con ella. María, en un gesto solidario y generoso, fue la primera compradora de mis dos primeros libros, los que acababa de imprimir en una autoedición bastante modesta. Pasaron los meses sin tener, por una u otra razón, noticias de ella. Sin embargo en una visita a su blog me encuentro, para espanto mío, con un poema en donde un poeta amigo de ella se refiere a la muerte de María. Tal mazazo me conmocionó e inicié una serie de averiguaciones para corroborar tan dramática noticia. Llamé a su trabajo preguntando por ella. Una secretaria muy afable contestó mis preguntas y, efectivamente, me confirmó que víctima de una fulminante enfermedad ella había fallecido. Después de eso y de la conmoción siguiente me quedó una sensación de angustia. Una sensación extraña que me hace pensar con bastante frecuencia en ella. Estuve un par de meses sin llamarla ni saber nada de María. Con seguridad, la última vez que hable con ella por teléfono, María ya debe haber estado enferma, sin embargo no se le notaba y fue tan amable y cariñosa como siempre. Debo agregar que María era madre de un muchacho de 16 años a quien adoraba.
En realidad estas palabras que malamente he ido hilvanando son una pobre despedida para un ser humano tan dulce y especial. Siento que no estoy a su altura para decir lo adecuado tanto en la forma como en el fondo. María ya no está entre nosotros y eso nos empobrece a todos. El blog de maría era, o es :www. mariadeflor.blogspot.com
Un abrazo a su recuerdo.
Letrador
Fue la única. Para mí, María de Flor no era una completa desconocida, pues en www.escritores.cl (una página que visito regularmente)aparece una fotografía suya y algunos de los poemas de su primera etapa. María resultó ser una persona dulce y sensible que rehusaba el título de poeta, pese a su innegable talento. Ella se calificaba así misma como una mera aprendiz. Finalizado el taller, continué una relación esporádica de amistad con ella. María, en un gesto solidario y generoso, fue la primera compradora de mis dos primeros libros, los que acababa de imprimir en una autoedición bastante modesta. Pasaron los meses sin tener, por una u otra razón, noticias de ella. Sin embargo en una visita a su blog me encuentro, para espanto mío, con un poema en donde un poeta amigo de ella se refiere a la muerte de María. Tal mazazo me conmocionó e inicié una serie de averiguaciones para corroborar tan dramática noticia. Llamé a su trabajo preguntando por ella. Una secretaria muy afable contestó mis preguntas y, efectivamente, me confirmó que víctima de una fulminante enfermedad ella había fallecido. Después de eso y de la conmoción siguiente me quedó una sensación de angustia. Una sensación extraña que me hace pensar con bastante frecuencia en ella. Estuve un par de meses sin llamarla ni saber nada de María. Con seguridad, la última vez que hable con ella por teléfono, María ya debe haber estado enferma, sin embargo no se le notaba y fue tan amable y cariñosa como siempre. Debo agregar que María era madre de un muchacho de 16 años a quien adoraba.
En realidad estas palabras que malamente he ido hilvanando son una pobre despedida para un ser humano tan dulce y especial. Siento que no estoy a su altura para decir lo adecuado tanto en la forma como en el fondo. María ya no está entre nosotros y eso nos empobrece a todos. El blog de maría era, o es :www. mariadeflor.blogspot.com
Un abrazo a su recuerdo.
Letrador
Sunday, August 20, 2006
letracruda
letracruda Vender libros: He aquí algo que no es nada común. Con ocasión de la puesta en venta de mis dos primeros libros: Hojas y Secreto profesional, poemas y cuentos respectivamente, me han ocurrido algunos hechos que quisiera compartir con ustedes: lo primero, (no debiera llamar en absoluto la atención), no es nada fácil vender libros en Ovalle, en todo Chile, en realidad. Sirva de explicación para este hecho las opiniones del Presidente de la cámara chilena del libro, quien, muy certeramente, dice que como en Chile la lectura se considera algo prescindible, la gente en cuanto sufre alguna estrechez económica lo primero que deja de comprar son libros. Una vez que se recupera el poder adquisitivo, lo último en empezar a compra nuevamente son – ¡sorpresa!-... libros. Es decir, los autores de textos estamos absolutamente sonados. Nuestros libros, más aún si son autoeditados en ediciones miserables y mínimas, se venderán merced a algunos amigos, parientes y uno que otro lector bien intencionado. A contar de allí se introduce el escritor que busca vender sus libros en una zona oscura de evasivas, rechazo, indiferencia, falsas felicitaciones, promesas de compra para sepa Dios cuándo. Dígame, entonces, si no hay algo más raro que un tipo que entabla conversación con otro para venderle un libro de poemas, o de cuentos y relatos. Talvez me iría mejor si vendo manuales de autoayuda, algo así como: ¿Qué hacer para ser feliz?, Mejore su memoria, Sea flaco y dichoso, etc. Pero no, el ingenuo y a la vez arrogante poeta y narrador, le ofrece un poema de contenido lírico impreciso, un cuento sobre un tipo caradura y aprovechador. Textos donde se habla del amor, la muerte, la nostalgia, donde se hace alusión a innominadas y lejanas mujeres. Relatos sarcásticos y de lenguaje áspero donde se lucen populares o pérfidos personajes.
Vaya si es algo que raya en la locura. En un país donde nadie o casi nadie lee, cómo se me ocurre andar vendiendo libros. Creo que algo así habla pestes de mi estado mental y el de cualquiera que venda sus autoeditados libros.
Para que no sea todo de cariz negativo, también es cierto que suceden agradables sorpresa como esta: domingo por la mañana en una de las calles céntricas de Ovalle, a cuatro calles de la plaza de armas, en dirección oeste, ingreso a una botillería para vender mis libros. Sí, una botillería. Un lugar donde a todas luces el asunto pinta para mal. Al pasar frente a la puerta de acceso veo al señor que la atiende. Cuando decido devolverme para ingresar van saliendo dos tipos de mala catadura (aspecto patibulario sería muy exagerado), salientes de borrachera, aspecto nada gentil y lenguaje de chuchada limpia. Los esquivo con una finta de torero e ingreso a la botillería. El dependiente tiene en su mano derecha un cuchillo de enorme hoja, afilado como navaja; en la izquierda tiene un pequeño lápiz grafito al que le saca punta con tan desproporcionado cuchillo. Es obvio que la presencia del cuchillo es sólo una medida de disuasión para un eventual asalto. El señor es un hombre ya maduro de aspecto gentil en cuyas manos el casi machete parece fuera de lugar. Más extraño hace el panorama una voz refinada y de cuidada pronunciación, además de que el señor que me atiende usa una bella corbata de tono rojizo. Uno espera, (torpe creencia mía, lo reconozco) que en una botillería exista una persona áspera y algo burda, pero no, este señor resulta una persona encantadora que me conversa de libros y temas afines a la creación literaria. Y resulta que este distinguido señor ha sido otrora vendedor en una gran librería de Santiago, y como tal maneja información de autores y contenidos que dejarían cesantes a los vendedores de las librerías de hoy, que nada saben de los libros que venden, y que sólo mal repiten un más malo libreto de venta. Este caballero de cuyo nombre no puedo acordarme, aparte de regalarme una charla deliciosa e informada me compra el libro de cuentos y relatos Secreto profesional. Inesperada situación digna de ser contada.
Vaya si es algo que raya en la locura. En un país donde nadie o casi nadie lee, cómo se me ocurre andar vendiendo libros. Creo que algo así habla pestes de mi estado mental y el de cualquiera que venda sus autoeditados libros.
Para que no sea todo de cariz negativo, también es cierto que suceden agradables sorpresa como esta: domingo por la mañana en una de las calles céntricas de Ovalle, a cuatro calles de la plaza de armas, en dirección oeste, ingreso a una botillería para vender mis libros. Sí, una botillería. Un lugar donde a todas luces el asunto pinta para mal. Al pasar frente a la puerta de acceso veo al señor que la atiende. Cuando decido devolverme para ingresar van saliendo dos tipos de mala catadura (aspecto patibulario sería muy exagerado), salientes de borrachera, aspecto nada gentil y lenguaje de chuchada limpia. Los esquivo con una finta de torero e ingreso a la botillería. El dependiente tiene en su mano derecha un cuchillo de enorme hoja, afilado como navaja; en la izquierda tiene un pequeño lápiz grafito al que le saca punta con tan desproporcionado cuchillo. Es obvio que la presencia del cuchillo es sólo una medida de disuasión para un eventual asalto. El señor es un hombre ya maduro de aspecto gentil en cuyas manos el casi machete parece fuera de lugar. Más extraño hace el panorama una voz refinada y de cuidada pronunciación, además de que el señor que me atiende usa una bella corbata de tono rojizo. Uno espera, (torpe creencia mía, lo reconozco) que en una botillería exista una persona áspera y algo burda, pero no, este señor resulta una persona encantadora que me conversa de libros y temas afines a la creación literaria. Y resulta que este distinguido señor ha sido otrora vendedor en una gran librería de Santiago, y como tal maneja información de autores y contenidos que dejarían cesantes a los vendedores de las librerías de hoy, que nada saben de los libros que venden, y que sólo mal repiten un más malo libreto de venta. Este caballero de cuyo nombre no puedo acordarme, aparte de regalarme una charla deliciosa e informada me compra el libro de cuentos y relatos Secreto profesional. Inesperada situación digna de ser contada.
Sunday, August 06, 2006
letracruda
letracrudaMis primeros libros.
Me estoy refiriendo al hecho que estoy en pleno proceso de impresión de mis primeros libros. Llevo, creo, catorce o quince años escribiendo poemas y cuentos y después de toooodo ese tiempo, recién salen mis primeros libros. El de poemas lo he llamado “HOJAS” y en él reúno 26 poemas de variada factura. Sin embargo, puedo decir que predominan dos temas principales: Eros (el amor) y Tanathos (la muerte), aunque también hay dos que tratan temas diferentes.
Lo curioso es que, sobre todo en los últimos años, he tenido la oportunidad de presentar y comentar a varios poetas y narradores de la provincia. Allí, según comentarios del público, he salido con decoro, pues le he dado a cada autor y su obra un correcto tratamiento, tanto en la forma como en el fondo. Y se da la paradoja que puedo hablar y comentar con cierta fluidez la obra de cada uno de los escritores que he tenido el gusto de presentar pero me cuesta una enormidad hablar sobre lo mío.
He dicho que son dos libros. El de cuentos y relatos lo he titulado “SECRETO PROFESIONAL”. Es un texto que presenta 21 cuentos y relatos. Con un enfoque variado y bastante diferente de los textos poéticos de HOJAS. Los poemas tienen una visión bastante “clásica”. Buscan expresar lo interior del poeta. Sus emociones y angustias; la esperanza y el desasosiego. Se busca, en cierta forma, apuntar al concepto más tradicional de poesía: La expresión de la belleza a través de la palabra. No sé si logro tan subjetivo resultado. En nuestra época el objetivo de la belleza parece estar fuera de moda, un recurso en exceso manido. Los intereses más “modernos” apuntan más bien a un compromiso ético por parte del escritor y no un compromiso estético, donde los conceptos griegos de armonía, equilibrio y simetría dan el marco clásico de la belleza.
En cuanto a Secreto Profesional, las miradas toman un sentido más irónico, mordaz. El narrador es mundano y trata de los conflictos más comunes que sufre o goza el hombre de hoy. Hay distintos prismas desde donde apreciar la realidad. Hay textos muy breves- un par de carillas- y otros, el más extenso, se acerca a la veintena de páginas. Espero darlos a conocer en este blogs apenas tenga publicados los libros.
Tengo varias cosas más que decir al respecto. Cómo he llevado a cabo el proceso de autoedición. Donde todo ha sido manual, casi artesanal. Los conflictos económicos y las dificultades que me ha significado lograr plasmar, pese a los problemas de toda índole, estos dos textos que vienen a romper con este carácter de inédito que he mantenido por todos estos años.
Nos vemos la próxima semana.
Letrador.
Me estoy refiriendo al hecho que estoy en pleno proceso de impresión de mis primeros libros. Llevo, creo, catorce o quince años escribiendo poemas y cuentos y después de toooodo ese tiempo, recién salen mis primeros libros. El de poemas lo he llamado “HOJAS” y en él reúno 26 poemas de variada factura. Sin embargo, puedo decir que predominan dos temas principales: Eros (el amor) y Tanathos (la muerte), aunque también hay dos que tratan temas diferentes.
Lo curioso es que, sobre todo en los últimos años, he tenido la oportunidad de presentar y comentar a varios poetas y narradores de la provincia. Allí, según comentarios del público, he salido con decoro, pues le he dado a cada autor y su obra un correcto tratamiento, tanto en la forma como en el fondo. Y se da la paradoja que puedo hablar y comentar con cierta fluidez la obra de cada uno de los escritores que he tenido el gusto de presentar pero me cuesta una enormidad hablar sobre lo mío.
He dicho que son dos libros. El de cuentos y relatos lo he titulado “SECRETO PROFESIONAL”. Es un texto que presenta 21 cuentos y relatos. Con un enfoque variado y bastante diferente de los textos poéticos de HOJAS. Los poemas tienen una visión bastante “clásica”. Buscan expresar lo interior del poeta. Sus emociones y angustias; la esperanza y el desasosiego. Se busca, en cierta forma, apuntar al concepto más tradicional de poesía: La expresión de la belleza a través de la palabra. No sé si logro tan subjetivo resultado. En nuestra época el objetivo de la belleza parece estar fuera de moda, un recurso en exceso manido. Los intereses más “modernos” apuntan más bien a un compromiso ético por parte del escritor y no un compromiso estético, donde los conceptos griegos de armonía, equilibrio y simetría dan el marco clásico de la belleza.
En cuanto a Secreto Profesional, las miradas toman un sentido más irónico, mordaz. El narrador es mundano y trata de los conflictos más comunes que sufre o goza el hombre de hoy. Hay distintos prismas desde donde apreciar la realidad. Hay textos muy breves- un par de carillas- y otros, el más extenso, se acerca a la veintena de páginas. Espero darlos a conocer en este blogs apenas tenga publicados los libros.
Tengo varias cosas más que decir al respecto. Cómo he llevado a cabo el proceso de autoedición. Donde todo ha sido manual, casi artesanal. Los conflictos económicos y las dificultades que me ha significado lograr plasmar, pese a los problemas de toda índole, estos dos textos que vienen a romper con este carácter de inédito que he mantenido por todos estos años.
Nos vemos la próxima semana.
Letrador.
Saturday, May 20, 2006
Cazadores.
Cazadores.
Los cazadores modernos son una reminiscencia de nuestros ancestros, algo atávico. Los cazadores modernos, depredan, acosan y matan a sus presas, no por una cuestión de sobrevivencia ni para mejorar su dieta. Sus fines son deportivos. Cazan por deporte.
A diferencia de nuestros antepasados, quienes arriesgaban la vida en cada incursión de caza, ellos el único riego que corren es que algún compañero les dé un tiro debido a la borrachera que suele acompañar sus gloriosas jornadas. Y, por supuesto, salen provistos de moderno armamento, cómoda y abrigada indumentaria.
Se aglutinan en clubes de pesca y caza. Invierten dinero y recursos para adquirir el equipamiento necesario: escopeta, vestuario de mimetismo, cartucheras, bolsas de caza, etc. Dentro de estos cazadores se incluye a un variado tipo de personas, desde pálidos y sedentarios burócratas, empresarios medianos y grandes, funcionarios públicos de áreas administrativas, dependientes de comercio, etc. Todos unidos a esta su afición. De preferencia sus incursiones son los fines de semana. En las proximidades de muchos pueblos rurales es común escuchar en estos días el conocido estampido de escopetas, que aterran a la fauna de los alrededores y quiebra la quietud del campo.
¿Qué los hace salir a matar? ¿Hay algo anómalo en ellos? ¿Una sicopatía oculta que gusta derramar sangre de criaturas inocentes? Algo debe haber. A mi juicio no es normal que para entretenerse se deba salir a destripar liebres, conejos, zorros, tórtolas, codornices, patos, o lo que sea. Es cierto que en nuestro país, Chile, la liebre y el conejo se les considera plagas, y es necesario mantenerlas a raya. Pero, ¿las avecillas silvestres como codornices, tórtolas y demás? ¿Acaso no los conmueve la belleza de la vida? ¿La perfecta biología de lo natural? ¡Por cierto que no!.. Sólo los motiva el placer morboso de disparar contra un ser vivo, hermoso y necesario. Necesario para hacer de nuestro mundo, nuestro entorno algo bello y placentero. La vida es el bien supremo. La de toda criatura que puebla la tierra.
Tal vez, la cacería sea una válvula de escape para no reventar a causa de la vida moderna. Algo así como ir a gritar como un energúmeno al estadio. Una salida al vapor de nuestra alma acosada por problemas y angustias. Pero, hay otras formas de liberar desazones y tensión. La cacería es un retroceso en la escala de la evolución.
Además, por la depredación excesiva ya son varias las especies en peligro de extinción. Y ellos (los modernos Nemrod) los muy inconscientes, no cesan en sus sangrientas jornadas.
En los días posteriores a la cacería es común oírlos fanfarronear de su habilidad como cazadores. Que “fueron cuarenta liebres y conejos, treinta tórtolas. Se me escaparon tres, pero iban heridas. Que la borrachera fue grandiosa. Lo hemos pasado tan bien que ojala salgamos de nuevo este fin de semana”. Cuando los escucho siento que no hemos aprendido nada. Que involucionamos hacia la oscuridad. No puede ser normal quien se entretiene despanzurrando a otras criaturas, aunque sean animales. Quién sabe, cuando los aburra cazar conejos o acaben con ellos, qué cazarán. Tal vez exagero pero no faltará el agudito a quien se le ocurra cazar seres humanos... ¿Exageraciones mías? Espero que sí, pero el ser humano es capaz de eso y más. Lo prueba la historia. Somos la especie depredadora por excelencia. El lobo del hombre es el hombre. Con perdón de los lobos.
Letrador.
Los cazadores modernos son una reminiscencia de nuestros ancestros, algo atávico. Los cazadores modernos, depredan, acosan y matan a sus presas, no por una cuestión de sobrevivencia ni para mejorar su dieta. Sus fines son deportivos. Cazan por deporte.
A diferencia de nuestros antepasados, quienes arriesgaban la vida en cada incursión de caza, ellos el único riego que corren es que algún compañero les dé un tiro debido a la borrachera que suele acompañar sus gloriosas jornadas. Y, por supuesto, salen provistos de moderno armamento, cómoda y abrigada indumentaria.
Se aglutinan en clubes de pesca y caza. Invierten dinero y recursos para adquirir el equipamiento necesario: escopeta, vestuario de mimetismo, cartucheras, bolsas de caza, etc. Dentro de estos cazadores se incluye a un variado tipo de personas, desde pálidos y sedentarios burócratas, empresarios medianos y grandes, funcionarios públicos de áreas administrativas, dependientes de comercio, etc. Todos unidos a esta su afición. De preferencia sus incursiones son los fines de semana. En las proximidades de muchos pueblos rurales es común escuchar en estos días el conocido estampido de escopetas, que aterran a la fauna de los alrededores y quiebra la quietud del campo.
¿Qué los hace salir a matar? ¿Hay algo anómalo en ellos? ¿Una sicopatía oculta que gusta derramar sangre de criaturas inocentes? Algo debe haber. A mi juicio no es normal que para entretenerse se deba salir a destripar liebres, conejos, zorros, tórtolas, codornices, patos, o lo que sea. Es cierto que en nuestro país, Chile, la liebre y el conejo se les considera plagas, y es necesario mantenerlas a raya. Pero, ¿las avecillas silvestres como codornices, tórtolas y demás? ¿Acaso no los conmueve la belleza de la vida? ¿La perfecta biología de lo natural? ¡Por cierto que no!.. Sólo los motiva el placer morboso de disparar contra un ser vivo, hermoso y necesario. Necesario para hacer de nuestro mundo, nuestro entorno algo bello y placentero. La vida es el bien supremo. La de toda criatura que puebla la tierra.
Tal vez, la cacería sea una válvula de escape para no reventar a causa de la vida moderna. Algo así como ir a gritar como un energúmeno al estadio. Una salida al vapor de nuestra alma acosada por problemas y angustias. Pero, hay otras formas de liberar desazones y tensión. La cacería es un retroceso en la escala de la evolución.
Además, por la depredación excesiva ya son varias las especies en peligro de extinción. Y ellos (los modernos Nemrod) los muy inconscientes, no cesan en sus sangrientas jornadas.
En los días posteriores a la cacería es común oírlos fanfarronear de su habilidad como cazadores. Que “fueron cuarenta liebres y conejos, treinta tórtolas. Se me escaparon tres, pero iban heridas. Que la borrachera fue grandiosa. Lo hemos pasado tan bien que ojala salgamos de nuevo este fin de semana”. Cuando los escucho siento que no hemos aprendido nada. Que involucionamos hacia la oscuridad. No puede ser normal quien se entretiene despanzurrando a otras criaturas, aunque sean animales. Quién sabe, cuando los aburra cazar conejos o acaben con ellos, qué cazarán. Tal vez exagero pero no faltará el agudito a quien se le ocurra cazar seres humanos... ¿Exageraciones mías? Espero que sí, pero el ser humano es capaz de eso y más. Lo prueba la historia. Somos la especie depredadora por excelencia. El lobo del hombre es el hombre. Con perdón de los lobos.
Letrador.
Monday, May 08, 2006
DIVAGACIONES
Es domingo por la tarde. Un día un tanto extraño. Parte de la mañana me he dedicado a leer los diarios, buscando aquello que me interesa: lo relacionado con literatura y escritores, pero esta vez el resultado es algo fofo, carente de solidez. A media mañana me he puesto frente al computador para ver por segunda vez la película El Pianista, dirigida por Polanski . Es un film extraordinario, de una solidez que no se da con frecuencia. Estremece y repugna la arrogancia asesina de los SS. nazis con los judíos, con los polacos y con todos aquellos que consideraban inferiores. Días atrás vi La Caída, la película sobre Hitler y sus últimas horas en su bunker. Es una obra maestra. El actor que lo encarna es colosal y la representación de tan horroroso personaje alcanza niveles magníficos. Es más que una película, es un documento histórico que debe ser visto por todos para que el género humano, tan dado a olvidar e ignorar, aprenda de sus errores y horrores. Las dos películas que he mencionado pertenecen a la categoría de obras maestras ¡Deben verlas!
La tarde del domingo me enfrenta a la sensación extraña de tener que hacer tantas cosas y no disponer de tiempo suficiente para hacerlas. Por ejemplo, darle una revisión final a mis versos y largarme de una vez por todas a comenzar a editar e imprimir estos poemas que desde hace años escribo y trato de mejorar. También esta el volumen de cuentos que se haya en la misma condición flotante, a medio morir saltando o a medio vivir saltando, no lo sé. Son textos breves algunos de una carilla y otros, el más extenso, de unas diez. Talvez los publique es este blogs más adelante, pero primero quiero hacer los libros. Y hacer como me dijo un poeta argentino que conocí hace unos meses, quien se mostró un tanto sorprendido de que no tenga ningún libro publicado. Para responder a su interrogante le contesté que los revisaba, los pulía, sacaba el ripio, el exceso hasta dejar lo que valiera la pena. Recuerdo que me dijo, apelando a un dicho Maorí: “Dejemos que el mar pruebe la barca”. En eso estoy ahora, terminando el bajel que espero se haga a la mar de las letras en, a más tardar, un año más.
En esto de publicar no es buena la prisa. Hay tanto escritor presuroso en lanzar su libro. Como resultado de esta ansia desmedida he sido testigo de malísimos libros de poemas, varios de ellos cimentados en la osadía que sólo es hija de la más supina ignorancia. En la ingenuidad de creer que todo lo que se escribe y borronea es digno de publicar. Todo lo que nos dicta la emoción desbocada que nos arrastra y nos nubla el entendimiento es digno de llamarla literatura. Craso error en el cual se persiste.
Estas divagaciones han ido de un lado para el otro. Es, me parece, una manera de encauzar o encontrar un rumbo cuando la mente divaga con la brújula imantada.
Espero ser más certero en una próxima ocasión.
Letrador.
Es domingo por la tarde. Un día un tanto extraño. Parte de la mañana me he dedicado a leer los diarios, buscando aquello que me interesa: lo relacionado con literatura y escritores, pero esta vez el resultado es algo fofo, carente de solidez. A media mañana me he puesto frente al computador para ver por segunda vez la película El Pianista, dirigida por Polanski . Es un film extraordinario, de una solidez que no se da con frecuencia. Estremece y repugna la arrogancia asesina de los SS. nazis con los judíos, con los polacos y con todos aquellos que consideraban inferiores. Días atrás vi La Caída, la película sobre Hitler y sus últimas horas en su bunker. Es una obra maestra. El actor que lo encarna es colosal y la representación de tan horroroso personaje alcanza niveles magníficos. Es más que una película, es un documento histórico que debe ser visto por todos para que el género humano, tan dado a olvidar e ignorar, aprenda de sus errores y horrores. Las dos películas que he mencionado pertenecen a la categoría de obras maestras ¡Deben verlas!
La tarde del domingo me enfrenta a la sensación extraña de tener que hacer tantas cosas y no disponer de tiempo suficiente para hacerlas. Por ejemplo, darle una revisión final a mis versos y largarme de una vez por todas a comenzar a editar e imprimir estos poemas que desde hace años escribo y trato de mejorar. También esta el volumen de cuentos que se haya en la misma condición flotante, a medio morir saltando o a medio vivir saltando, no lo sé. Son textos breves algunos de una carilla y otros, el más extenso, de unas diez. Talvez los publique es este blogs más adelante, pero primero quiero hacer los libros. Y hacer como me dijo un poeta argentino que conocí hace unos meses, quien se mostró un tanto sorprendido de que no tenga ningún libro publicado. Para responder a su interrogante le contesté que los revisaba, los pulía, sacaba el ripio, el exceso hasta dejar lo que valiera la pena. Recuerdo que me dijo, apelando a un dicho Maorí: “Dejemos que el mar pruebe la barca”. En eso estoy ahora, terminando el bajel que espero se haga a la mar de las letras en, a más tardar, un año más.
En esto de publicar no es buena la prisa. Hay tanto escritor presuroso en lanzar su libro. Como resultado de esta ansia desmedida he sido testigo de malísimos libros de poemas, varios de ellos cimentados en la osadía que sólo es hija de la más supina ignorancia. En la ingenuidad de creer que todo lo que se escribe y borronea es digno de publicar. Todo lo que nos dicta la emoción desbocada que nos arrastra y nos nubla el entendimiento es digno de llamarla literatura. Craso error en el cual se persiste.
Estas divagaciones han ido de un lado para el otro. Es, me parece, una manera de encauzar o encontrar un rumbo cuando la mente divaga con la brújula imantada.
Espero ser más certero en una próxima ocasión.
Letrador.
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