Saturday, May 20, 2006

Cazadores.

Cazadores.


Los cazadores modernos son una reminiscencia de nuestros ancestros, algo atávico. Los cazadores modernos, depredan, acosan y matan a sus presas, no por una cuestión de sobrevivencia ni para mejorar su dieta. Sus fines son deportivos. Cazan por deporte.

A diferencia de nuestros antepasados, quienes arriesgaban la vida en cada incursión de caza, ellos el único riego que corren es que algún compañero les dé un tiro debido a la borrachera que suele acompañar sus gloriosas jornadas. Y, por supuesto, salen provistos de moderno armamento, cómoda y abrigada indumentaria.

Se aglutinan en clubes de pesca y caza. Invierten dinero y recursos para adquirir el equipamiento necesario: escopeta, vestuario de mimetismo, cartucheras, bolsas de caza, etc. Dentro de estos cazadores se incluye a un variado tipo de personas, desde pálidos y sedentarios burócratas, empresarios medianos y grandes, funcionarios públicos de áreas administrativas, dependientes de comercio, etc. Todos unidos a esta su afición. De preferencia sus incursiones son los fines de semana. En las proximidades de muchos pueblos rurales es común escuchar en estos días el conocido estampido de escopetas, que aterran a la fauna de los alrededores y quiebra la quietud del campo.

¿Qué los hace salir a matar? ¿Hay algo anómalo en ellos? ¿Una sicopatía oculta que gusta derramar sangre de criaturas inocentes? Algo debe haber. A mi juicio no es normal que para entretenerse se deba salir a destripar liebres, conejos, zorros, tórtolas, codornices, patos, o lo que sea. Es cierto que en nuestro país, Chile, la liebre y el conejo se les considera plagas, y es necesario mantenerlas a raya. Pero, ¿las avecillas silvestres como codornices, tórtolas y demás? ¿Acaso no los conmueve la belleza de la vida? ¿La perfecta biología de lo natural? ¡Por cierto que no!.. Sólo los motiva el placer morboso de disparar contra un ser vivo, hermoso y necesario. Necesario para hacer de nuestro mundo, nuestro entorno algo bello y placentero. La vida es el bien supremo. La de toda criatura que puebla la tierra.
Tal vez, la cacería sea una válvula de escape para no reventar a causa de la vida moderna. Algo así como ir a gritar como un energúmeno al estadio. Una salida al vapor de nuestra alma acosada por problemas y angustias. Pero, hay otras formas de liberar desazones y tensión. La cacería es un retroceso en la escala de la evolución.

Además, por la depredación excesiva ya son varias las especies en peligro de extinción. Y ellos (los modernos Nemrod) los muy inconscientes, no cesan en sus sangrientas jornadas.

En los días posteriores a la cacería es común oírlos fanfarronear de su habilidad como cazadores. Que “fueron cuarenta liebres y conejos, treinta tórtolas. Se me escaparon tres, pero iban heridas. Que la borrachera fue grandiosa. Lo hemos pasado tan bien que ojala salgamos de nuevo este fin de semana”. Cuando los escucho siento que no hemos aprendido nada. Que involucionamos hacia la oscuridad. No puede ser normal quien se entretiene despanzurrando a otras criaturas, aunque sean animales. Quién sabe, cuando los aburra cazar conejos o acaben con ellos, qué cazarán. Tal vez exagero pero no faltará el agudito a quien se le ocurra cazar seres humanos... ¿Exageraciones mías? Espero que sí, pero el ser humano es capaz de eso y más. Lo prueba la historia. Somos la especie depredadora por excelencia. El lobo del hombre es el hombre. Con perdón de los lobos.

Letrador.

Monday, May 08, 2006

DIVAGACIONES



Es domingo por la tarde. Un día un tanto extraño. Parte de la mañana me he dedicado a leer los diarios, buscando aquello que me interesa: lo relacionado con literatura y escritores, pero esta vez el resultado es algo fofo, carente de solidez. A media mañana me he puesto frente al computador para ver por segunda vez la película El Pianista, dirigida por Polanski . Es un film extraordinario, de una solidez que no se da con frecuencia. Estremece y repugna la arrogancia asesina de los SS. nazis con los judíos, con los polacos y con todos aquellos que consideraban inferiores. Días atrás vi La Caída, la película sobre Hitler y sus últimas horas en su bunker. Es una obra maestra. El actor que lo encarna es colosal y la representación de tan horroroso personaje alcanza niveles magníficos. Es más que una película, es un documento histórico que debe ser visto por todos para que el género humano, tan dado a olvidar e ignorar, aprenda de sus errores y horrores. Las dos películas que he mencionado pertenecen a la categoría de obras maestras ¡Deben verlas!

La tarde del domingo me enfrenta a la sensación extraña de tener que hacer tantas cosas y no disponer de tiempo suficiente para hacerlas. Por ejemplo, darle una revisión final a mis versos y largarme de una vez por todas a comenzar a editar e imprimir estos poemas que desde hace años escribo y trato de mejorar. También esta el volumen de cuentos que se haya en la misma condición flotante, a medio morir saltando o a medio vivir saltando, no lo sé. Son textos breves algunos de una carilla y otros, el más extenso, de unas diez. Talvez los publique es este blogs más adelante, pero primero quiero hacer los libros. Y hacer como me dijo un poeta argentino que conocí hace unos meses, quien se mostró un tanto sorprendido de que no tenga ningún libro publicado. Para responder a su interrogante le contesté que los revisaba, los pulía, sacaba el ripio, el exceso hasta dejar lo que valiera la pena. Recuerdo que me dijo, apelando a un dicho Maorí: “Dejemos que el mar pruebe la barca”. En eso estoy ahora, terminando el bajel que espero se haga a la mar de las letras en, a más tardar, un año más.

En esto de publicar no es buena la prisa. Hay tanto escritor presuroso en lanzar su libro. Como resultado de esta ansia desmedida he sido testigo de malísimos libros de poemas, varios de ellos cimentados en la osadía que sólo es hija de la más supina ignorancia. En la ingenuidad de creer que todo lo que se escribe y borronea es digno de publicar. Todo lo que nos dicta la emoción desbocada que nos arrastra y nos nubla el entendimiento es digno de llamarla literatura. Craso error en el cual se persiste.

Estas divagaciones han ido de un lado para el otro. Es, me parece, una manera de encauzar o encontrar un rumbo cuando la mente divaga con la brújula imantada.

Espero ser más certero en una próxima ocasión.


Letrador.

letracruda

letracru

CUESTIÓN DE LETRAS.



¡Ah, la ortografía!... ¿A quién le importa? Al chileno medio, no. Ni siquiera un poco. A los mandamases del SAG. y Aduanas, lo mismo. La prensa informa que un formulario, indispensable para ingresar a nuestro país, está plagado con decenas de faltas de ortografía. Ello tanto en su versión en español como en inglés. Nada de esto debería sorprendernos. Así de patético. Es claro que si andamos a patadas y escupos con nuestro idioma natal, más lo es con uno extranjero.
Al único que un tema como este lo saca de sus casillas es a un juez de Policía local, creo que de Casa Blanca, quien no tiene pelos en la lengua para enrostrarle a circunspectos y estirados abogados, las burdas faltas de ortografía que estos profesionales le presentan en sus escritos.
En general, la ortografía se aprende de dos formas: a.- memorizando las latosas reglas que la rigen. b.- ser un lector medio o avanzado. En Chile importan un carajo ambas alternativas. Y así nos va en el manejo del idioma. Somos los peor hablantes del idioma español. El chileno, según estudios especializados, maneja un promedio de trescientas palabras; un ciudadano argentino emplea en su lenguaje diario ocho veces más de palabras que nosotros, los jaguares de América latina.
Tampoco se trata ser un fundamentalista. Es cierto que el idioma es una cosa viva, en constante crecimiento y variación, pero no se puede caer en falencias tan vergonzosas como las ya mencionadas. Afirmo que las faltas de ortografía en una persona humilde y de poca educación, emocionan, conmueven. Las mismas faltas en personas educadas, profesionales o no, indignan.
Todo esto no hace más que poner en evidencia la ya crónica y alarmante falta de lecturas que padece Chile. En los países desarrollados un ciudadano medio lee diez libros en un año; en Chile el sesenta por ciento de los ciudadanos no ha leído siquiera uno en el último año. Patético, insisto.
Las faltas de ortografía -reflejo de nuestras vergonzosas carencias idiomáticas- se reflejan, se exhiben con el desparpajo de la más supina ignorancia, en todo ámbito.
Se “lucen” en el comercio (desde humildes almacenes de barrio a lujosos locales de grandes cadenas, elitistas boutiques), oficinas, restaurantes, pub (ni hablar de la letra de canciones en el karaoke), y un laaaaargo etc.
Me atrevo a decir que la mayoría de las secretarias y estudiantes dejan que el computador les revise la ortografía de sus textos. “Qué tanto revisar si el computador lo hace” es algo que se escucha con frecuencia. Sin embargo, el endiosado ordenador acepta por igual baca o vaca. Y, como decía el hermano Martín Panero, acérrimo defensor de la ortografía y que, además, era capaz de recitar de memoria páginas y páginas del Quijote: no es lo mismo lamentarse por la pérdida de su esposa que por la perdida de su esposa.
Ah, la ortografía...


Letrador.da

Monday, May 01, 2006

letracruda

letracruda.
e-mail: letracruda@yahoo.es

Bocanadas.

Es curioso los efectos que provoca la belleza en los seres humanos. Tanto en hombres como en mujeres. Si bien es cierto el concepto de belleza es muy subjetivo, y varía de cultura en cultura, yo quiero referirme al tipo de belleza más bien clásico, el griego: simetria, equilibrio y armonía.
Tales condiciones son las que se adecuan más a nuestra forma de ver el mundo(Uf, creo)
A los hombres, una mujer bella los deja sin habla, y sólo se expresan con la mirada y algún gesto que va desde inocentes comentarios a bastos epítetos. Una rubia tipo Playboy deja turulato al 99,9 % de los hombres. Acto seguido, ella puede pedir o insinuar cualquier cosa y la mayoría de los varones estará dispuesto a hacer lo que pueda para agradar a tan infartante mujer. Una mujer hermosa tira más que un tractor nuevecito, dicen en los campos de mi tierra. Esta reflexión me viene a causa de un hecho ocurrido hace ya varios meses. Se produce en Haití, uno de los lugares más pobres y arrasados del planeta. Allí una preciosa señorita de cuyo nombre no puedo acordame, pero sí, despampanante y bella desde el pie hasta el alma(como dice Beneddetti), comprometida con los niños de Haití y en mejorar sus condicioners de vida, apadrinó un jardín infantil o sala cuna, donde a los pequeños se les brinda alimentación, cuidados médicos y cariño. Pues bien, ese lugar era de continuo "visitado" por un grupo armado de caracter político o delictual, o tal vez ambos. Ese grupo arrasaba con la existencia de víveres, medicamentos, utensilios, etc. del lugar. Ante esa situiación la señorita Playboy se decidió a encarar al jefe de tal grupo armado para pedirle que desistieran de su actitud. De nada valieron los consejos de sus espantados amigos, de militares profesionales, para hacerla desistir de su intento. Argumentaban que era como llevarle corderitos u ovejitas a una manada de lobos habrientos y lujuriosos. Pero ella, nuestra beldad rubia y diosa mortal, no dio pie atrás y se fue a conferenciar con el bastardo guerrillero. Me imagino las miradas de asombro y lujuria, las pupilas maravilladas de aquellos hombres ante, tal vez, la mujer más hermosa que jamás antes vieron. Con la admiración colmando su alma(que la tienen, caramba) los fieros lobos de Giuba, la condujeron ante su líder. Este jefe de guerrilleros o lo que sea, no hizo más que callar y admirar, escuchar y sorprenderse de la beldad que lo enfrentaba con sólo las armas de su belleza, de su cutis y sus formas espléndidas y sensuales, y no pudo hacer otra cosa que decirle que sí a todo lo que aquella mujer tan hermosa le pedía. Resultado: Los guerrileros a partir de ese día custodian ese recinto pàra protegerlo. Y todo para complacer el pedido de aquella incomparable hermosura de mujer. No hay duda, la belleza nos salva de nosotros mismos, de nuestros demonios y fantasmas. La belleza salvará al mundo, dicen muchos. Tal vez no lo salve del todo, pero algo hace por él. Ustedes, ¿qué harían en nombre de la belleza?

Letrador.