letracruda Vender libros: He aquí algo que no es nada común. Con ocasión de la puesta en venta de mis dos primeros libros: Hojas y Secreto profesional, poemas y cuentos respectivamente, me han ocurrido algunos hechos que quisiera compartir con ustedes: lo primero, (no debiera llamar en absoluto la atención), no es nada fácil vender libros en Ovalle, en todo Chile, en realidad. Sirva de explicación para este hecho las opiniones del Presidente de la cámara chilena del libro, quien, muy certeramente, dice que como en Chile la lectura se considera algo prescindible, la gente en cuanto sufre alguna estrechez económica lo primero que deja de comprar son libros. Una vez que se recupera el poder adquisitivo, lo último en empezar a compra nuevamente son – ¡sorpresa!-... libros. Es decir, los autores de textos estamos absolutamente sonados. Nuestros libros, más aún si son autoeditados en ediciones miserables y mínimas, se venderán merced a algunos amigos, parientes y uno que otro lector bien intencionado. A contar de allí se introduce el escritor que busca vender sus libros en una zona oscura de evasivas, rechazo, indiferencia, falsas felicitaciones, promesas de compra para sepa Dios cuándo. Dígame, entonces, si no hay algo más raro que un tipo que entabla conversación con otro para venderle un libro de poemas, o de cuentos y relatos. Talvez me iría mejor si vendo manuales de autoayuda, algo así como: ¿Qué hacer para ser feliz?, Mejore su memoria, Sea flaco y dichoso, etc. Pero no, el ingenuo y a la vez arrogante poeta y narrador, le ofrece un poema de contenido lírico impreciso, un cuento sobre un tipo caradura y aprovechador. Textos donde se habla del amor, la muerte, la nostalgia, donde se hace alusión a innominadas y lejanas mujeres. Relatos sarcásticos y de lenguaje áspero donde se lucen populares o pérfidos personajes.
Vaya si es algo que raya en la locura. En un país donde nadie o casi nadie lee, cómo se me ocurre andar vendiendo libros. Creo que algo así habla pestes de mi estado mental y el de cualquiera que venda sus autoeditados libros.
Para que no sea todo de cariz negativo, también es cierto que suceden agradables sorpresa como esta: domingo por la mañana en una de las calles céntricas de Ovalle, a cuatro calles de la plaza de armas, en dirección oeste, ingreso a una botillería para vender mis libros. Sí, una botillería. Un lugar donde a todas luces el asunto pinta para mal. Al pasar frente a la puerta de acceso veo al señor que la atiende. Cuando decido devolverme para ingresar van saliendo dos tipos de mala catadura (aspecto patibulario sería muy exagerado), salientes de borrachera, aspecto nada gentil y lenguaje de chuchada limpia. Los esquivo con una finta de torero e ingreso a la botillería. El dependiente tiene en su mano derecha un cuchillo de enorme hoja, afilado como navaja; en la izquierda tiene un pequeño lápiz grafito al que le saca punta con tan desproporcionado cuchillo. Es obvio que la presencia del cuchillo es sólo una medida de disuasión para un eventual asalto. El señor es un hombre ya maduro de aspecto gentil en cuyas manos el casi machete parece fuera de lugar. Más extraño hace el panorama una voz refinada y de cuidada pronunciación, además de que el señor que me atiende usa una bella corbata de tono rojizo. Uno espera, (torpe creencia mía, lo reconozco) que en una botillería exista una persona áspera y algo burda, pero no, este señor resulta una persona encantadora que me conversa de libros y temas afines a la creación literaria. Y resulta que este distinguido señor ha sido otrora vendedor en una gran librería de Santiago, y como tal maneja información de autores y contenidos que dejarían cesantes a los vendedores de las librerías de hoy, que nada saben de los libros que venden, y que sólo mal repiten un más malo libreto de venta. Este caballero de cuyo nombre no puedo acordarme, aparte de regalarme una charla deliciosa e informada me compra el libro de cuentos y relatos Secreto profesional. Inesperada situación digna de ser contada.
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
1 comment:
Estimado Letrador. Como no puedo contestar a su e.mail porque no lo encuentro en su blog, le digo sinceramente que me impresionó su relato sobre vender libros en Chile. Lamento no poder contestarle mejor. Ese solo trabajo suyo, merece ser publicado porque nos habla de una realidad...
Gracias a Ud.
Víctor Michelón
Post a Comment