Monday, May 08, 2006

DIVAGACIONES



Es domingo por la tarde. Un día un tanto extraño. Parte de la mañana me he dedicado a leer los diarios, buscando aquello que me interesa: lo relacionado con literatura y escritores, pero esta vez el resultado es algo fofo, carente de solidez. A media mañana me he puesto frente al computador para ver por segunda vez la película El Pianista, dirigida por Polanski . Es un film extraordinario, de una solidez que no se da con frecuencia. Estremece y repugna la arrogancia asesina de los SS. nazis con los judíos, con los polacos y con todos aquellos que consideraban inferiores. Días atrás vi La Caída, la película sobre Hitler y sus últimas horas en su bunker. Es una obra maestra. El actor que lo encarna es colosal y la representación de tan horroroso personaje alcanza niveles magníficos. Es más que una película, es un documento histórico que debe ser visto por todos para que el género humano, tan dado a olvidar e ignorar, aprenda de sus errores y horrores. Las dos películas que he mencionado pertenecen a la categoría de obras maestras ¡Deben verlas!

La tarde del domingo me enfrenta a la sensación extraña de tener que hacer tantas cosas y no disponer de tiempo suficiente para hacerlas. Por ejemplo, darle una revisión final a mis versos y largarme de una vez por todas a comenzar a editar e imprimir estos poemas que desde hace años escribo y trato de mejorar. También esta el volumen de cuentos que se haya en la misma condición flotante, a medio morir saltando o a medio vivir saltando, no lo sé. Son textos breves algunos de una carilla y otros, el más extenso, de unas diez. Talvez los publique es este blogs más adelante, pero primero quiero hacer los libros. Y hacer como me dijo un poeta argentino que conocí hace unos meses, quien se mostró un tanto sorprendido de que no tenga ningún libro publicado. Para responder a su interrogante le contesté que los revisaba, los pulía, sacaba el ripio, el exceso hasta dejar lo que valiera la pena. Recuerdo que me dijo, apelando a un dicho Maorí: “Dejemos que el mar pruebe la barca”. En eso estoy ahora, terminando el bajel que espero se haga a la mar de las letras en, a más tardar, un año más.

En esto de publicar no es buena la prisa. Hay tanto escritor presuroso en lanzar su libro. Como resultado de esta ansia desmedida he sido testigo de malísimos libros de poemas, varios de ellos cimentados en la osadía que sólo es hija de la más supina ignorancia. En la ingenuidad de creer que todo lo que se escribe y borronea es digno de publicar. Todo lo que nos dicta la emoción desbocada que nos arrastra y nos nubla el entendimiento es digno de llamarla literatura. Craso error en el cual se persiste.

Estas divagaciones han ido de un lado para el otro. Es, me parece, una manera de encauzar o encontrar un rumbo cuando la mente divaga con la brújula imantada.

Espero ser más certero en una próxima ocasión.


Letrador.

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