Cazadores.
Los cazadores modernos son una reminiscencia de nuestros ancestros, algo atávico. Los cazadores modernos, depredan, acosan y matan a sus presas, no por una cuestión de sobrevivencia ni para mejorar su dieta. Sus fines son deportivos. Cazan por deporte.
A diferencia de nuestros antepasados, quienes arriesgaban la vida en cada incursión de caza, ellos el único riego que corren es que algún compañero les dé un tiro debido a la borrachera que suele acompañar sus gloriosas jornadas. Y, por supuesto, salen provistos de moderno armamento, cómoda y abrigada indumentaria.
Se aglutinan en clubes de pesca y caza. Invierten dinero y recursos para adquirir el equipamiento necesario: escopeta, vestuario de mimetismo, cartucheras, bolsas de caza, etc. Dentro de estos cazadores se incluye a un variado tipo de personas, desde pálidos y sedentarios burócratas, empresarios medianos y grandes, funcionarios públicos de áreas administrativas, dependientes de comercio, etc. Todos unidos a esta su afición. De preferencia sus incursiones son los fines de semana. En las proximidades de muchos pueblos rurales es común escuchar en estos días el conocido estampido de escopetas, que aterran a la fauna de los alrededores y quiebra la quietud del campo.
¿Qué los hace salir a matar? ¿Hay algo anómalo en ellos? ¿Una sicopatía oculta que gusta derramar sangre de criaturas inocentes? Algo debe haber. A mi juicio no es normal que para entretenerse se deba salir a destripar liebres, conejos, zorros, tórtolas, codornices, patos, o lo que sea. Es cierto que en nuestro país, Chile, la liebre y el conejo se les considera plagas, y es necesario mantenerlas a raya. Pero, ¿las avecillas silvestres como codornices, tórtolas y demás? ¿Acaso no los conmueve la belleza de la vida? ¿La perfecta biología de lo natural? ¡Por cierto que no!.. Sólo los motiva el placer morboso de disparar contra un ser vivo, hermoso y necesario. Necesario para hacer de nuestro mundo, nuestro entorno algo bello y placentero. La vida es el bien supremo. La de toda criatura que puebla la tierra.
Tal vez, la cacería sea una válvula de escape para no reventar a causa de la vida moderna. Algo así como ir a gritar como un energúmeno al estadio. Una salida al vapor de nuestra alma acosada por problemas y angustias. Pero, hay otras formas de liberar desazones y tensión. La cacería es un retroceso en la escala de la evolución.
Además, por la depredación excesiva ya son varias las especies en peligro de extinción. Y ellos (los modernos Nemrod) los muy inconscientes, no cesan en sus sangrientas jornadas.
En los días posteriores a la cacería es común oírlos fanfarronear de su habilidad como cazadores. Que “fueron cuarenta liebres y conejos, treinta tórtolas. Se me escaparon tres, pero iban heridas. Que la borrachera fue grandiosa. Lo hemos pasado tan bien que ojala salgamos de nuevo este fin de semana”. Cuando los escucho siento que no hemos aprendido nada. Que involucionamos hacia la oscuridad. No puede ser normal quien se entretiene despanzurrando a otras criaturas, aunque sean animales. Quién sabe, cuando los aburra cazar conejos o acaben con ellos, qué cazarán. Tal vez exagero pero no faltará el agudito a quien se le ocurra cazar seres humanos... ¿Exageraciones mías? Espero que sí, pero el ser humano es capaz de eso y más. Lo prueba la historia. Somos la especie depredadora por excelencia. El lobo del hombre es el hombre. Con perdón de los lobos.
Letrador.
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1 comment:
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