Monday, May 01, 2006

Bocanadas.

Es curioso los efectos que provoca la belleza en los seres humanos. Tanto en hombres como en mujeres. Si bien es cierto el concepto de belleza es muy subjetivo, y varía de cultura en cultura, yo quiero referirme al tipo de belleza más bien clásico, el griego: simetria, equilibrio y armonía.
Tales condiciones son las que se adecuan más a nuestra forma de ver el mundo(Uf, creo)
A los hombres, una mujer bella los deja sin habla, y sólo se expresan con la mirada y algún gesto que va desde inocentes comentarios a bastos epítetos. Una rubia tipo Playboy deja turulato al 99,9 % de los hombres. Acto seguido, ella puede pedir o insinuar cualquier cosa y la mayoría de los varones estará dispuesto a hacer lo que pueda para agradar a tan infartante mujer. Una mujer hermosa tira más que un tractor nuevecito, dicen en los campos de mi tierra. Esta reflexión me viene a causa de un hecho ocurrido hace ya varios meses. Se produce en Haití, uno de los lugares más pobres y arrasados del planeta. Allí una preciosa señorita de cuyo nombre no puedo acordame, pero sí, despampanante y bella desde el pie hasta el alma(como dice Beneddetti), comprometida con los niños de Haití y en mejorar sus condicioners de vida, apadrinó un jardín infantil o sala cuna, donde a los pequeños se les brinda alimentación, cuidados médicos y cariño. Pues bien, ese lugar era de continuo "visitado" por un grupo armado de caracter político o delictual, o tal vez ambos. Ese grupo arrasaba con la existencia de víveres, medicamentos, utensilios, etc. del lugar. Ante esa situiación la señorita Playboy se decidió a encarar al jefe de tal grupo armado para pedirle que desistieran de su actitud. De nada valieron los consejos de sus espantados amigos, de militares profesionales, para hacerla desistir de su intento. Argumentaban que era como llevarle corderitos u ovejitas a una manada de lobos habrientos y lujuriosos. Pero ella, nuestra beldad rubia y diosa mortal, no dio pie atrás y se fue a conferenciar con el bastardo guerrillero. Me imagino las miradas de asombro y lujuria, las pupilas maravilladas de aquellos hombres ante, tal vez, la mujer más hermosa que jamás antes vieron. Con la admiración colmando su alma(que la tienen, caramba) los fieros lobos de Giuba, la condujeron ante su líder. Este jefe de guerrilleros o lo que sea, no hizo más que callar y admirar, escuchar y sorprenderse de la beldad que lo enfrentaba con sólo las armas de su belleza, de su cutis y sus formas espléndidas y sensuales, y no pudo hacer otra cosa que decirle que sí a todo lo que aquella mujer tan hermosa le pedía. Resultado: Los guerrileros a partir de ese día custodian ese recinto pàra protegerlo. Y todo para complacer el pedido de aquella incomparable hermosura de mujer. No hay duda, la belleza nos salva de nosotros mismos, de nuestros demonios y fantasmas. La belleza salvará al mundo, dicen muchos. Tal vez no lo salve del todo, pero algo hace por él. Ustedes, ¿qué harían en nombre de la belleza?

Letrador.

2 comments:

Selma Blaine said...

su blog es lindo tambiem. jo no hablo espanõl, mas portunõl.
Si huste puede comprender,será bueno.
Gracias por tu coment em mi blog. huste, hay sido la primera persona ha comentar mi blog, (www.deletada.blogspot.com).Vim aca em su blog e gostei demas.
Congratulaiones(?).
Siempre hey de vir aca, para ler tu blog. Continues por favor. Es lindo!

Letrador said...

CUESTIÓN DE LETRAS.



¡Ah, la ortografía!... ¿A quién le importa? Al chileno medio, no. Ni siquiera un poco. A los mandamases del SAG. y Aduanas, lo mismo. La prensa informa que un formulario, indispensable para ingresar a nuestro país, está plagado con decenas de faltas de ortografía. Ello tanto en su versión en español como en inglés. Nada de esto debería sorprendernos. Así de patético. Es claro que si andamos a patadas y escupos con nuestro idioma natal, más lo es con uno extranjero.
Al único que un tema como este lo saca de sus casillas es a un juez de Policía local, creo que de Casa Blanca, quien no tiene pelos en la lengua para enrostrarle a circunspectos y estirados abogados, las burdas faltas de ortografía que estos profesionales le presentan en sus escritos.
En general, la ortografía se aprende de dos formas: a.- memorizando las latosas reglas que la rigen. b.- ser un lector medio o avanzado. En Chile importan un carajo ambas alternativas. Y así nos va en el manejo del idioma. Somos los peor hablantes del idioma español. El chileno, según estudios especializados, maneja un promedio de trescientas palabras; un ciudadano argentino emplea en su lenguaje diario ocho veces más de palabras que nosotros, los jaguares de América latina.
Tampoco se trata ser un fundamentalista. Es cierto que el idioma es una cosa viva, en constante crecimiento y variación, pero no se puede caer en falencias tan vergonzosas como las ya mencionadas. Afirmo que las faltas de ortografía en una persona humilde y de poca educación, emocionan, conmueven. Las mismas faltas en personas educadas, profesionales o no, indignan.
Todo esto no hace más que poner en evidencia la ya crónica y alarmante falta de lecturas que padece Chile. En los países desarrollados un ciudadano medio lee diez libros en un año; en Chile el sesenta por ciento de los ciudadanos no ha leído siquiera uno en el último año. Patético, insisto.
Las faltas de ortografía -reflejo de nuestras vergonzosas carencias idiomáticas- se reflejan, se exhiben con el desparpajo de la más supina ignorancia, en todo ámbito.
Se “lucen” en el comercio (desde humildes almacenes de barrio a lujosos locales de grandes cadenas, elitistas boutiques), oficinas, restaurantes, pub (ni hablar de la letra de canciones en el karaoke), y un laaaaargo etc.
Me atrevo a decir que la mayoría de las secretarias y estudiantes dejan que el computador les revise la ortografía de sus textos. “Qué tanto revisar si el computador lo hace” es algo que se escucha con frecuencia. Sin embargo, el endiosado ordenador acepta por igual baca o vaca. Y, como decía el hermano Martín Panero, acérrimo defensor de la ortografía y que, además, era capaz de recitar de memoria páginas y páginas del Quijote: no es lo mismo lamentarse por la pérdida de su esposa que por la perdida de su esposa.
Ah, la ortografía...


Letrador.